Había perdido la cuenta del número de kilómetros que podría haber hecho en este par de horas sin salir de una cama de noventa. En mis auriculares empezaba a sonar River Flows in You, es de esas canciones con las que ambientaría desde el discurso más romántico hasta la despedida más triste...
Es curioso como sentimientos tan dispares a veces se reducen a acciones tan básicas como una lágrima. De repente, esa quemazón salada recorre la mejilla tímidamente, consquilleando la silueta de la nariz y no sabes ni su razón de existir. ¿Es alegría por el sabor reciente de un eso? ¿O es el amargor de recordar unas piernas entrelazadas en una cama, un amanecer que ya no hay...?
[Minuto 1:09] Se ralentizan los acordes. Las dudas siguen ahí mientras la lluvia azota la ventana y rueda una segunda lágrima. No cabe duda, la culpa es de la canción.