He contenido la respiración por no llorar hasta romperme los pulmones sintiendo que te alejabas en cada despedida.
He ahogado llantos en gintonics dobles tras tus mensajes de "ya estoy en casa" cuando, para ti, casa es tu apartamento a 1000km de mi cama.
He desnudado mi piel cada noche en duchas donde no eran tus manos las que me frotaban la espalda con delicadeza, recorriendo las tempestuosas líneas de mi columna, que tanto te gustaba.
He enmudecido con cada recuerdo de tu "quiero intentarlo" al contar calendarios, por tenerte a mi lado.
He intentado escapar del embrujo de tus manos delicadas acariciándome; de esa mirada de no haber hecho nada que me llama al beso descontrolado, de tus mordiscos clandestinos en el cuello desde el asiento del copiloto en cada semáforo...
He caído en la cuenta que pueden pasar los inviernos y seguirás siendo mi maldita primavera; que siempre vuelve, que siempre alegra...