Había un refrán que decía algo así como... "No hay ex que por bien no venga".
O algo así.
miércoles, 28 de noviembre de 2018
domingo, 25 de noviembre de 2018
Qué amarillo se veía aquel atardecer
y qué azul el mar engulléndolo.
Y, de repente, otra vez la lluvia apagada y el viento mudo.
Otra vez tu ropa interior colgando de las alfombras de mi habitación
y ya no la arena entre los dedos de los pies,
ni un barco en el horizonte con el que soñásemos en clave de dos.
De nuevo el mapa de lunares en tu espalda enseñándome tus constelaciones.
Otro despertar.
Y, después de ti, nada.
La nada.
Porque después de ti sólo sigues estando tú.
y qué azul el mar engulléndolo.
Y, de repente, otra vez la lluvia apagada y el viento mudo.
Otra vez tu ropa interior colgando de las alfombras de mi habitación
y ya no la arena entre los dedos de los pies,
ni un barco en el horizonte con el que soñásemos en clave de dos.
De nuevo el mapa de lunares en tu espalda enseñándome tus constelaciones.
Otro despertar.
Y, después de ti, nada.
La nada.
Porque después de ti sólo sigues estando tú.
Nunca había sido consciente de todo lo que sucedía mientras dormía. No imaginaba que despertabas cinco minutos antes de que sonase el despertador para apagarlo a tiempo; que te deslizabas entre las sábanas para no despertarme y te dirigías a la cocina, de puntillas, para prepararte el café alumbrando con el teléfono.
No suponía que de deslizabas a oscuras por la habitación para arroparme cuando ya había invadido tu lado de la cama; que me besabas antes de irte y que con una sonrisa de complicidad me susurrabas un "te quiero" antes de cerrar la puerta sigilosamente.
No sabía que me perdía esa parte tan dulce de ti que precede a las ojeras en tus días largos...
No suponía que de deslizabas a oscuras por la habitación para arroparme cuando ya había invadido tu lado de la cama; que me besabas antes de irte y que con una sonrisa de complicidad me susurrabas un "te quiero" antes de cerrar la puerta sigilosamente.
No sabía que me perdía esa parte tan dulce de ti que precede a las ojeras en tus días largos...
Diciembre comenzó a ser frío cuando te fuiste y descubrí que te buscaba bajo la manta.
Me sobraban las 24h del día para pensar en cada uno de tus músculos, de esquinas en las que me perdí buscándome en tu cuerpo.
Recuerdo brindar a tu salud falsamente y sentir el sabor del vino, agrio. No sé, quizá sería cosa de la copa y no de pensarte...
Recuerdo Oporto en primavera, pero no me sabía igual sin tus pasos corriendo tras de mí.
Me sobraban sus calles y me faltaba tu perfume.
Y diciembre volvía otra vez cada segundo fin de semana del mes; porque cuando se tiene frío en el corazón siempre es diciembre. Porque cuando se siente frío en el alma, no hay nada que lo temple.
Me sobraban las 24h del día para pensar en cada uno de tus músculos, de esquinas en las que me perdí buscándome en tu cuerpo.
Recuerdo brindar a tu salud falsamente y sentir el sabor del vino, agrio. No sé, quizá sería cosa de la copa y no de pensarte...
Recuerdo Oporto en primavera, pero no me sabía igual sin tus pasos corriendo tras de mí.
Me sobraban sus calles y me faltaba tu perfume.
Y diciembre volvía otra vez cada segundo fin de semana del mes; porque cuando se tiene frío en el corazón siempre es diciembre. Porque cuando se siente frío en el alma, no hay nada que lo temple.
Recuerda:
No tienes que intentar mojarte con cada ola que te venga; que en todos los mares hay marineros... Pero para navegar, necesitas ser capitán.
Me quedo con quién conociendo todas las maneras posibles de irse, quiso quedarse.
Me quedo con tus silencios suspendidos en sonrisas de medio lado.
Me quedo con Madrid en agosto, para tener la ciudad sólo para nosotros.
Me quedo con el polvo de por la mañana, si eso implica que te has quedado a dormir.
Me quedo con los domingos en los que arreglamos el mundo sin salir del sofá y la única guerra que contemplamos es la de los cojines y la esquina de la manta.
Me quedo con todas tus posibles versiones, y no sólo con la mejorada, si a cambio prometes que yo seré el primero en conocerlas y testarlas.
Me quedo con tus rarezas, porque el mundo vive plagado de seres iguales y todos, alguna vez, deberíamos conocer a un perro verde...
Me quedo con tus silencios suspendidos en sonrisas de medio lado.
Me quedo con Madrid en agosto, para tener la ciudad sólo para nosotros.
Me quedo con el polvo de por la mañana, si eso implica que te has quedado a dormir.
Me quedo con los domingos en los que arreglamos el mundo sin salir del sofá y la única guerra que contemplamos es la de los cojines y la esquina de la manta.
Me quedo con todas tus posibles versiones, y no sólo con la mejorada, si a cambio prometes que yo seré el primero en conocerlas y testarlas.
Me quedo con tus rarezas, porque el mundo vive plagado de seres iguales y todos, alguna vez, deberíamos conocer a un perro verde...
Aprendí que detrás de tus ojos existía una puerta a la inocencia, a un mundo que quizá eran nuevo para ti como para mí...
Rodé por tu piel como si de un circuito se tratase y perdí la cabeza en más de una ocasión en ese fetiche tan estúpido que tengo con las manos. Y, joder, ¡tus manos...!
Derrumbé tus muros por descubrirte sin saber que haría añicos incluso tus escombros, y soñé con recomponerte sólo para poder cuidarte entre tanto.
A mi manera.
Sonreí a tu salud al resurgir de tus cenizas y abracé todo atisbo de cariño, acariciando atardeceres bañados en arena.
Rodé por tu piel como si de un circuito se tratase y perdí la cabeza en más de una ocasión en ese fetiche tan estúpido que tengo con las manos. Y, joder, ¡tus manos...!
Derrumbé tus muros por descubrirte sin saber que haría añicos incluso tus escombros, y soñé con recomponerte sólo para poder cuidarte entre tanto.
A mi manera.
Sonreí a tu salud al resurgir de tus cenizas y abracé todo atisbo de cariño, acariciando atardeceres bañados en arena.
primer amor
Los análisis son positivos.
Mi médico dice que no lo entiende.
Por más que le diga que me duele,
él se empeña en que no existe
la metástasis por amor.
Mi médico dice que no lo entiende.
Por más que le diga que me duele,
él se empeña en que no existe
la metástasis por amor.
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