Con la mirada perdida en alguna montaña de la que no sabes ni el nombre, con una taza de té humeante en la mano y recordando un olor extraño que no es el tuyo pero que te embriaga y te hace sentir una leve caricia por la mano, un ligero mordisco de realidad...
Algo así como lo que decía Dostoievski:
"¿Con qué voy a soñar con lo bien que he estado despierto...?".
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