¿Sabes lo bueno de una cama? Que esconde historias que jamás cuenta, de esas bonitas que saben a regaliz y a besos robados; sonrisas cómplices y mordiscos en los labios (¡Ay...!).
¿Sabes lo bueno de una ducha? Que se lleva todo, menos los recuerdos, ni esa sensación de cerrar los ojos y desear que no se acabe el agua caliente cayendo por tu su cuerpo.
Un desayuno a la altura de la mismísima Audrey de 15 minutos que no llegó a empezar y duró 6 horas en plena noche. Siendo así, desayunaría a cualquier hora...
Porque en las pequeñas historias se viven grandes momentos.
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