Nunca había sido consciente de todo lo que sucedía mientras dormía. No imaginaba que despertabas cinco minutos antes de que sonase el despertador para apagarlo a tiempo; que te deslizabas entre las sábanas para no despertarme y te dirigías a la cocina, de puntillas, para prepararte el café alumbrando con el teléfono.
No suponía que de deslizabas a oscuras por la habitación para arroparme cuando ya había invadido tu lado de la cama; que me besabas antes de irte y que con una sonrisa de complicidad me susurrabas un "te quiero" antes de cerrar la puerta sigilosamente.
No sabía que me perdía esa parte tan dulce de ti que precede a las ojeras en tus días largos...
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