Diciembre comenzó a ser frío cuando te fuiste y descubrí que te buscaba bajo la manta.
Me sobraban las 24h del día para pensar en cada uno de tus músculos, de esquinas en las que me perdí buscándome en tu cuerpo.
Recuerdo brindar a tu salud falsamente y sentir el sabor del vino, agrio. No sé, quizá sería cosa de la copa y no de pensarte...
Recuerdo Oporto en primavera, pero no me sabía igual sin tus pasos corriendo tras de mí.
Me sobraban sus calles y me faltaba tu perfume.
Y diciembre volvía otra vez cada segundo fin de semana del mes; porque cuando se tiene frío en el corazón siempre es diciembre. Porque cuando se siente frío en el alma, no hay nada que lo temple.
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