Me quedo con quién conociendo todas las maneras posibles de irse, quiso quedarse.
Me quedo con tus silencios suspendidos en sonrisas de medio lado.
Me quedo con Madrid en agosto, para tener la ciudad sólo para nosotros.
Me quedo con el polvo de por la mañana, si eso implica que te has quedado a dormir.
Me quedo con los domingos en los que arreglamos el mundo sin salir del sofá y la única guerra que contemplamos es la de los cojines y la esquina de la manta.
Me quedo con todas tus posibles versiones, y no sólo con la mejorada, si a cambio prometes que yo seré el primero en conocerlas y testarlas.
Me quedo con tus rarezas, porque el mundo vive plagado de seres iguales y todos, alguna vez, deberíamos conocer a un perro verde...
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