sábado, 28 de mayo de 2016

Dame cinco minutos de felicidad relativa.
Sólo trescientos segundos de tu tiempo
que me hagan evadirme.

Déjame volar a tu cuerpo,
liviano.
Prometo no llevar equipaje:
voy vestido de besos.
Me basta.

Dame cinco minutos de sueños,
de resumir un cine, una exposición,
de conversación interminable,
de mordisco en el corazón.

Dame un último beso que no me sepa amargo,
que esto es como el café,
sólo con azúcar me lo trago.

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