lunes, 22 de enero de 2018

ya no.

Porque la gente ya no se come la boca
hasta gastarse los labios
en el primer portal abierto
cuando baja la tarde
y sube el deseo.

Porque las partes de atrás de los coches
ya no guardan secretos inconfesables
de noches de lujuria
en las que empañar ventanillas
como si de una escena de Titanic se tratase.

Porque yo ya no canto boleros
que quedan mudos al son de la luna;
ni tengo un sms pendiente de escribirte,
ni nada que pueda decirte
sobre noches que olvidar.

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